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Estamos delante del blanco; no hay nada; vacío total; los sueños se han ido, la mente quiere arrancarle a los sentidos, a los recuerdos la luz y las manos inmóviles esperan, con desesperanza que se rompa esta blancura para poder componer su ritmo frenético pero..... El blanco eterno paraliza y no hay nada, ni vuelo de pájaro, ni ruidos, ni sueños es como si la vida se acabara.
Cierro y abro los ojos para volcar en el interior lo secreto, lo oculto, y no veo más que blanco, blanco de pared encalada sin ningún desconchón, sin sombras, sin nada.
Después..... muchos puntos suspensivos y un giro, es como si de pronto se levantara un viento, un remolino y el blanco empieza a girar, cogiendo una velocidad de vértigo y en la vorágine el blanco se multiplica en miles de colores y hay arañazos que descubren nuevos amaneceres, y hay luz que son como rayos disparados desde los interiores de volcanes que están para reventar. Y vienen las nubes, los soles, los mares, las sierras, las arenas, los árboles y miles de pájaros muchos pájaros que gritan, que vienen que giran eternamente alrededor de mis ojos de mi alma.
Ahora son las manos, ellas inmóviles antes, se despiertan, sacuden su parálisis y se ponen a girar con los sentidos, se llena de color, de vida, de pasión de amor, le crecen uñas largas para arañar con fuerza lo blanco y descubren que el dolor esta en sus yemas que el amor esta en sus movimientos. Que le nacen ojos, gritos, caras, cuerpos, alas.... Ya no hay nada que les detenga giran frenéticamente, modelan, sufren, gozan y el alma libre vuela con los pájaros metiéndose con ellos por las rendijas, por los rincones. El volcán explota y de su centro sale una llamarada de fuego que me ciega y cojo mis pájaros y me precipito en el embudo de su cráter y me voy buscando la luz.
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